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sábado, 6 de agosto de 2011

"EL SERAFICO" 2ª PARTE

En Google es fácil encontrar "cosas" anécdotas y curiosidades de muchas cosas que se quieran buscar, pero otras, que no están escritas, hay que buscarlas en el acerbo popular.

Con ocasión de las fiestas de Salinas, un grupo de amigos del Seráfico se echaron al campo y anda que te andarás, llegaron a tiempo de ver las fiestas, pero como a ellos lo que más les gustaba era verlas mojados "por dentro," su comportamiento, no fue de lo más responsable. Las autoridades del sitio, decidieron que vieran las fiestas desde el ventanuco del calabozo, dejándoles salir, cuando se les había pasado "la mona" y con mucho cariño, fueron acompañados hasta la salida del pueblo...Dolido y despechado nuestro personaje, cuando se vio sin la compañía del guardia municipal, se volvió hacia el pueblo y con voz de trueno improvisó:

Salinas y sus altos muros
Con más perejil que leña
No te faltarán cornudos
Aunque la villa es pequeña

Eran tiempos difíciles, el cólera mermaba la población, para evitarlo se tomaron medidas ¿sanitarias? se deberán vaciar los vasos de noche "orinales"
Tirando su contenido a la calle, si bien antes será preceptiva la voz de "agua va." Paseando nuestro hombre por las calles de Petrel, le cayó encima el contenido de uno de aquellos vasos, si bien al momento llegó la voz de agua vááá, pero la cosa ya no tubo "remei."

Cólera bárbaro y cruel,
Si te falta alguna cosa,
Ven y llévate a la esposa
Del sacristán de Petrel.

Su profesión por línea familiar, era la de cofinero, !si si! cofinero. Hacía cofines recorriendo las casas de labor de la zona, haciendo los cofines de esparto, que luego se usaban para prensar el aceite. Dormía donde le dejaban, sirviendo a veces de mofa para algunos jovencitos, que no miraban sus canas:
"El Seráfico se acuesta
En un mísero peludo"
"El Seráfico se acuesta
En un mísero peludo"
Cansado de no poder dormir y por que le habían dado píe le contestó:
Y tu madre en una siesta
Hizo a tu padre cornudo
Aunque no lo manifiesta.
Su hermano lo recogía a menudo y le recriminaba su amor al vino:
Déjame que beba vino,
Tenga dinero o no tenga,
Y cuando no te convenga
puedes tomar el camino.
Me gusta recordar las cosas que del Seráfico se contaban en Elda, pero para no hacerme muy pesada, mañana, la tercera y última parte.
pepa herrero

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