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lunes, 30 de mayo de 2016

EL VIEJO Y EL MAR

La verdad, es que el título a simple vista, parece un plagio. Pero si tienes una poca de paciencia, verás cómo no es lo mismo (aunque lo parezca.)
Don Antonio López Martínez, tuvo la suerte, de conocer a aquella hermosa niña. Teresa de la Cruz de los grandes nombres. Él, había terminado su carrera. Y ella acababa de llegar del colegio de monjas. El destino los juntó y las familias dieron el visto bueno. Sólo tenían un pequeño problema. ¡Él, no tenía trabajo,! pero los tiempos que corrían, no eran muy duros. Una nueva carrera y unos buenos apellidos del señor suegro, lo solucionaron todo.
Y aunque nunca se supo cual era la carrera de Don Antonio, si que quedó constancia de su buen hacer en su puesto de inspector jefe de las distintas plantas nucleares del país.
Años después, Don Antonio, fue condecorado por su trabajo bien hecho y por su segundo hijo. Un niño rubio y simpático, que pronto sería el orgullo del matrimonio. El pequeño Antoñito, desde siempre, fue un niño prodigio y sus estudios fueron superados con grandes notas.
El tiempo pasa raudo. Ahora después de pasados tantos años, la vida nos vuelve a unir. Don Antonio, es un venerable anciano, acogido en la casa de su hijo Antonio, su nuera, es una gran persona y aunque a veces, abusa un poco de la benevolencia del suegro, todos viven felices y contentos.
Sólo un tiempo después, en el plazo de dos años, habían cambiado las cosas. Antonio hijo, había perdido su trabajo en el banco...primero le hicieron despedir a compañeros de inferior grado y luego un compañero de mayor grado que él, se encargó de ponerlo en la calle.
La pensión del abuelo, dio para mucho, los niños siguieron estudiando, el padre sin encontrar trabajo. El abuelo recibió del pueblo los impuestos, aquel año, todo había subido. Los mayores, tuvieron que apretarse el cinturón. Al gobierno, eso no le importaba, tenía que pagar, pagar, pagar...los problemas fueron subiendo en la casa. Y para colmo, el abuelo, cayó enfermo de cierta gravedad.
La nuera, pensó con gran desparpajo, que lo mejor que podía hacer el abuelo, era vender las casas y las fincas, que con tanto ahínco había conseguido ahorrar durante toda su vida.

Con la excusa de ver al resto de la familia, regresaron al pueblo de Castilla. Los bienes, fueron malvendidos, los impuestos fueron impresionantes y la salud de Don Antonio cada vez estaba más debilitada. Tal parecía lo mal que lo pasó aquel viejo en el mar, hambre, sed, duro trabajo y un rumbo desconocido...pobres ancianos. Lucharon toda su vida, para encontrarse con una muerte triste y criticada. Ningún político agradeció su trabajo y sufrimiento. Lo único que hicieron, fue echarles en cara, que por falta de fondos, el gobierno no podría seguir pagándoles sus pensiones. Ellos lloraban tristemente, no les importaba morir de hambre, sólo pensaban en el hambre que les iban a dejar a sus hijos y a sus nietos...¿a quien podrían votar, que arreglara el país?...pepaherrero  

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