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sábado, 6 de abril de 2013

LA COLMENA Y LOS ZÁNGANOS

Los días pasan despacio, el tiempo es lento para quien no tiene nada que hacer y a veces, el viento nos mueve como hojas caídas, de un lado para otro, pero el tiempo sigue siendo el verdadero dueño de todo, de la colmena, del apicultor y de los zánganos. En aquella colmena, las abejas trabajadoras, aunque querían trabajar, no les era posible, por distintas circunstancias de la vida, el trabajo escaseaba y las obreras, sólo sabían hacer su trabajo. La reina de aquella colmena, se paró a libar el néctar de la rosa que yo había pintado y al parecer, le gustó tanto, que mandó al resto de la colmena, que se instalara en el alero del edificio donde está mí casa. Las órdenes de la abeja reina, no se discuten, se cumplen y caiga quien caiga. Cuando se hubo instalado el resto de la colmena, (unos en el alero y otros en el árbol de delante de la puerta) las obreras fueron mandadas a recoger el polen, que luego les serviría de alimento, algunas llegaron a entrar a mí casa, pero no encontraron ni huella de nada que se pudiera libar y muy pronto, entraron en la sala de la reina, para darle la mala noticia, ¡aquí no hay comida!. La reina las mando de regreso al trabajo y las amenazó. ¡La que no traiga su ración de comida, se declarará rebelde!. Por mucho que buscaron por todos los sitios, apenas pudieron encontrar comida para que pudiera comer la reina. ¡Esto ya está pasando de castaño a oscuro! Mandó entrar al jefe de los zánganos…quiero que hagáis un escarmiento ejemplar, con las gandulas de las obreras, que no tienen ganas de trabajar. Las escuadras de zánganos, fueron movilizadas, todos sin excepción, salieron a buscar a las díscolas obreras…! Así que no queréis trabajar, ¿verdad?! Las obreras se asustaron mucho y quisieron hacer saber a los zánganos, el problema que tenían con la comida, pero los zánganos, de eso no entendían, ellos eran unos mandados y las ordenes dimanaban de los altos mandos, así que ¡toma, toma y toma!. Las pobres obreras, fueron masacradas, pero el problema, seguía sin resolverse, así que en boletín oficial de la colmena, se publicó aquel día…Quien no aporte su ración diaria de trabajo, será azotada y quien proteste, será investigado y condenado a prisión. Las pobres obreras, se desesperaban, no les importaba que la reina y los altos cargos, no tuvieran para comer, tampoco les importaba que los zánganos las maltrataran y les sacaran los ojos con sus pelotas de goma, se encontraban sin saber cómo dar de comer a sus hijos, que desde que fueron expulsados de la colmena, los veían morir de hambre y de frío. Tiempos malos para la colmena, lo poco que había se lo comían entre los jefes y los sindicatos, más de una vez he visto como las fuerzas sindicalistas, salían de la colmena, con el abrigo lleno de granos de polen, saliendo del país, pero cada día el hambre era mayor y contra más obreras mataban, más se hacía sentir el hambre…perdónalos Señor. pepaherrero

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