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domingo, 17 de noviembre de 2013

DE PASEO POR EL CABO DE LAS HUERTAS

Esta tarde apetecía, después de ir a lavar el coche, nos apeteció ir al Cabo de las Huertas a dar un paseo. Unos grandes nubarrones nos decían que desistiésemos en nuestro empeño pero bajo el refugio del Xsara Picasso, nos hemos arriesgado y la excursión, nos ha salido de maravilla. Desde la entrada al cabo por los nuevos bungalows, dejando aparcado el coche antes de llegar a la rotonda, hemos salido andando, camino de la Albufereta, el paseo por todo lo alto de los acantilados es un poema que no todo el mundo ha leído. Desde la salida hemos ido hasta “puerto amor” entre la maleza y los chalets, un suave sendero nos va abriendo camino y con pequeñas rampas que hacen el camino más agradable, y casi sin darnos cuenta, hemos llegado hasta la playa de la Almadraba y cómo se nos ha hecho tan corto, hemos seguido hasta la Albufereta, camino llano y ameno, niños jugando en los juegos de la playa, yayos pescando (o al menos intentándolo) mientras las madres y las abuelas, hablan en voz alta llamando a los niños para que no hagan travesuras. Un poco más lejos, ya cerca del club náutico hemos estado a punto de presenciar una pelea de perros y es que los dueños muchas veces se olvidan de que los animales, por buenos que sean, a veces siguen siendo animales y se pelean o hacen sus necesidades, que luego no son recogidas por sus dueños, pero también hemos visto con asombro, cómo un gran grupo de personas de raza Sajona, sacando una bolsa de plástico de un bolso han recogido lo que otros han dejado olvidado. Desde la Albufereta, empezamos a hacer el camino de vuelta, poco a poco hemos ido deshaciendo el camino, las nubes se iban acercando, pero la tarde ha seguido agradable, ver el sol poniéndose pon el horizonte, mientras con sus últimos rayos, daba reflejo de oro a unas preciosas nubes, que más bien parecían grandes montones de puro algodón, después de pasar Talassio, padre e hijo se bañaban al comienzo de los acantilados, mientras el resto de la familia, se afanaba en la pesca con caña, con red y si hubiera hecho falta…y no es que el camino sea largo ni siquiera pesado, pero cuando hemos llegado hasta el coche, ya estaba cansada, allí en los acantilados muy cerca de nosotros, pero sin hacernos caso, un Cormorán, practicaba la pesca submarina sin necesidad de arpón ni de cualquier otro atalaje, mi marido le ha estado haciendo fotos con su móvil y él ha pasado olímpicamente de mi marido y de su móvil. Cabo de las Huertas ¡qué lindo que eres! pepaherrero

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