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jueves, 5 de julio de 2012

LA PUERTA ABIERTA A LA PESCA

Eran cerca de las doce de la noche, una ligera brisa llegaba desde la mar trayendo aromas marineras, trayendo recuerdos de viejos momentos vividos a la luz de las hogueras en el cabo de las Huertas, era un viernes del mes de julio y los amigos después de terminada la jornada semanal, quedaban en grupo, para pasar la noche pescando y en agradable reunión, a las cinco de la tarde, ya se había comprado el cebo para la pesca, entre los amigos se habían intercambiado regalos, alguien regaló un carrete, otro una nueva caña, el frigorífico de la lombriz, había quedado vacío y los cuatro coches con los amigos, pusieron rumbo a Santa Pola, allí en la venta del Cruce, encargaron para las once de la noche un buen arroz a banda, todos sabían que para los forasteros, ese iba a ser el mejor momento de la pesca, eran diez y siete los pescadores, diez y siete los amigos, en el puerto de Santa Pola, ya no quedaba sitio para ningún pescador más, o sobran pescadores o falta sitio, pero eso no importaba, lo importante era lo que estaba por llegar, si la cosa se daba bien, lo primero que se pesque, irá de cabeza al arroz del Cruce…pero el hombre propone y la mar dispone. Era la hora de ir a cenar, los más comilones y los de fuera, ya tenían ganas de empezar con la cena y ni si quiera una triste doncella se había dejado atrapar en las cañas. La culpa era de la luna que…la culpa era del viento, que soplaba de…!no! ¡no! La culpa era de la lombriz que…al final hasta los más pescadores, dejaron las cañas a cargo de Francisco. Francisco era el más pescador de todos, también el más mayor (era el padre de Paquito) y no quiso ir a cenar, si os acordáis, me traéis un bocadillo para luego y…la cena supo a poca, la juerga duró hasta después de la una y había quien se iba a tirar al mar a buscar la pesca allá donde estuviera. A las tres y por unanimidad, se decidió cambiar la zona de pesca, cuatro coches, diez y siete personas y una gran ilusión pusieron rumbo al cabo de las Huertas (allí si que se pesca mucho) a las nueve de la mañana, en la caña de Francisco, aquel triste esparrallón que pasó por allí después de una noche loca en la que no encontró esparrallona a quien dirigirle la palabra, descargó toda su ira en aquel trozo de lombriz y cuando se quiso dar cuenta, había pasado a la historia, diez y seis cámaras fotográficas, estaban inmortalizando el momento. ¡Cuidarlo bien que vale…su peso en oro! ¡eso si que es saber pescar! ¡si no llega a venir Francisco, a ver como nos justificamos con las mujeres! Como no había motivo para estar tristes, como la noche se había aprovechado y no había que poner a la venta lo pescado, diez y siete hombres en cuatro coches, regresaron a sus casas contando la historia de una gran noche de pesca. pepaherrero.

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