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miércoles, 31 de octubre de 2012

AL ANDAR, SE HACE CAMINO

Los tres amigos, estaban dispuestos a buscar una vida mejor, pero ninguno de los tres, sabía cual era el camino que tenían que tomar, decidieron seguir juntos hasta que alguien encontrara una señal, que le hiciera seguirla, allí se separaría de los otros. Eran jóvenes y no le temían al camino, al principio era llano y la suave yerba que pisaban servía de almohadilla a sus pies, tomaron rumbo al norte, pensando en que suelen ser más ricas las tierras del norte, el sol les daba en la espalda y hacía que se mantuvieran calientes y hasta en algunos momentos, llegaran a sudar. Nuestros amigos ya llevan andando cinco días, pero todavía no han encontrado nada que les haga cambiar su rumbo, poco antes de que se ocultara el sol, se volvieron a mirarlo, vieron que detrás de ellos venía una pareja de ancianos, al llegar a la curva, se dieron cuenta, que al camino, lo cortaba un río, la barca estaba abandonada y pensaron que quizá podrían utilizarla ellos, los ancianos, mientras ellos hablaban, llegaron hasta donde ellos estaban y les dijeron que ellos eran los dueños de la barca, pero que ya estaban tan mayores, que no tenían fuerzas, para hacer cruzar el río a la barca. Los tres amigos estuvieron de acuerdo y tirando de la cuerda, pronto estuvieron en la otra parte del río, el anciano, les habló y les dijo que él no duraría mucho tiempo, pero que si alguno de ellos se quisiera quedar de barquero, él con su mujer, se podrían retirar a una casita, que tenían no muy lejos de allí, hasta el fin de sus vidas. Manuhé, se decidió pronto, pensó que toda su vida había soñado con ser barquero, habló con sus amigos, y les contó su idea, los amigos estuvieron de acuerdo con él, pensaron que era una buena idea y además, siempre tendrían el medio para cruzar el río, cuando pasaran por allí. Sinuhé y Noruhé, abrazaron a su amigo Manuhé que tenía que regresar a la otra orilla, para llevar a los ancianos y para que le dieran las instrucciones pertinentes, para el mejor servicio en el trabajo, lo saludaron agitando sus manos, hasta que le barca se perdió al otro lado del recodo del río, luego siguieron caminado, siempre en dirección norte. Y se hablaron sin cesar. Parecía que al dejar al primer amigo, les habían entrado mayores ganas de contar sus planes, al otro compañero, pero ninguno de los dos tenía claro lo que iba a hacer. Tras otros cinco días de andar, el tiempo se iba encapotando, negras nubes cubrían el cielo, la suave subida del camino, se convirtió en escarpada cuesta, donde conseguían llegar a lo alto, tras muchos esfuerzos. Se estaba haciendo noche cerrada, cuando llegaron a lo alto de la cuesta, vieron un gran valle y entre unos árboles, acertaron a encontrar la luz de una casa de labor, hacia donde se dirigieron. El humo de la chimenea, les fue guiando por el valle, cuando llegaron a la puerta de la casa, vieron llorar a una joven y ambos, se ofrecieron a ayudarla, Cafrunha, les contó cual era su pena, su anciana madre acababa de fallecer y tenía que enterrarla antes de que llegaran los lobos y se la llevasen. Los dos amigos, ayudaron a la joven a dar sepultura a su madre. Noruhé había encontrado su destino, se quedó con Cafrunha y al año siguiente, eran padres de una linda muñeca, de cabellos rizados como los de la madre. Sinuhé siguió haciendo camino, se unió a varias caravanas y años después llegó a encontrar su destino, cuando llegó a la ciudad de los faraones, su destino se cumplió como medico y como sabio. Ya casi anciano, hizo de nuevo el camino hacia el sur, cargado con varios carros con sus riquezas, encontró a Noruhé padre de tres hijos y de varios nietos, en el recodo del río Manuhé ya sin fuerzas, buscaba a quien dejarle la responsabilidad de la barca, cuando llegaron al pueblo los tres amigos, fueron aclamados por sus paisanos, por haber regresado ricos y por haberse acordado de donde estaba su pueblo. Pepaherrero.

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