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lunes, 25 de julio de 2011

ANA-MARY, NIÑA ANGEL

Si no supiera su nombre, este sería el que yo le pondría, Ana-Mary la niña ángel. Abnegada en la amistad y dulce en el trato, se podía decir que todo lo demás le faltaba, sus dos coletas de pelo rubio pajizo y el flequillo arremolinado entrando siempre a sus ojos, tapaban una mirada dulce de la que se desprendía un gran deseo de ser querida, desde todos los lados de su perfil, mostraba las ganas de ser útil, de tener no muchos, si no todos los amigos. El mundo era su amigo y aquel humilde pajarillo que todos los días visitaba el patio del colegio, esperando las migas de pan que Ana-Mary le llevaba, era su amigo. El niño que con sus once años vino con sus padres buscando un trabajo y que hasta el momento era el único que lo había encontrado y por tanto, el único que aportaba el sustento a su casa. Tirando del carrito donde transportaba el trabajo, desde el taller hasta las pequeñas fábricas de calzado que en Elda eran el pan de el pueblo y que años después descubrieron la exportación, para llegar a ser un puntal en la economía nacional, también era su amigo.

Jeromo, a sus once años quería ser marinero (había conocido el mar hacía tres meses) y todos los días a la hora del recreo visitaba a su amiga Ana-Mary, para contarle las cosas que haría en la marina y la niña lloraba, pensando que si un día llegara a ser marinero, tendrían que dejar de verse y no podrían seguir siendo amigos. El día que no veía a Jeromo venía a jugar con nosotras que ya con siete años, nos considerábamos las más importantes de todo el colegio de monjas de "Las Hermanas Carmelitas"
Los días se nos hacían cortos y cuando llegaba la noche se nos hacía muy larga deseando que el día siguiente, fuera tan bueno como el anterior.

En el colegio, empezó a sentirse la animación de que pronto tendríamos que comulgar y entre catecismos y ensayos para el deseado evento, el tiempo tomó una marcha rápida e inexorable, que hacía que pasara volando. Me decía Ana -Mary, que después de comulgar, iba a estudiar mucho para ser maestra, luego escribiría a Jeromo, y lo haría volver, que en la fábrica de su padre, aprendería a ser zapatero y que luego se casarían (...Pobre lechera.) Yo sería su mejor amiga y cuando Jeromo y ella tuvieran un hijo yo sería su "hada madrina" y siempre...Siempre, seríamos las mejores amigas (...Pobre lechera.)

Viendo la marcha del entierro, la gente lloraba sin consuelo, nadie entendía como pudo suceder, que aquella negra moto, con el negro vestido de la muerte, se llevara por delante a aquella niña, era tan pequeña que parecía difícil poderle acertar, pero la mató y después se dió a la fuga y aunque después, le detuvieron, Ana-Mary, no volvió a la vida y allá a lo lejos, Jeromo tirando de su carrito de la faena, lloraba, lloraba y lloraba la muerte de su princesa, de su Ángel...(¿Dónde vas Jeromo niño? ¿dónde vas triste de ti?...Voy en busca de Ana-Mary, que ayer tarde no la vi.)Adiós Ana-Mary.
pepa herrero

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