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lunes, 18 de julio de 2011

NOCHES DE VERANO

...Iba yo sin rumbo...Y sin rumbo él. Luego la vida nos unió y aquel camino aburrido y duro, se convirtió en la dulce pista, por donde ha discurrido mi vida...!Espera, espera, no quiero terminar aún! Es tan bonita la vida en compañía, que aún sufriendo, vale la pena vivirla.

Salimos en aquel Simca mil, era en el mes de Julio, la luz, hacia que la cámara fotográfica de mis ojos, se cerrara a tanta belleza. El paisaje antes luminoso de mi tierra alicantina, iba cediendo el paso al más agreste de Andalucía, después de haber cruzado toda la provincia de Murcia y de haber desayunado en el sitio donde pasamos nuestra luna de miel "Hotel Siete Coronas." Con mis ansias por hacer camino, el tiempo pasaba raudo y mi amor al volante, me decía el que y porqué de las cosas que yo no conocía y él si, por haber viajado la zona en busca de clientes a quien vender zapatos para su pequeña fábrica de calzado. Como no conocía "Puerto Lumbreras," al salir de aquel pueblo Lorca, hoy sufriendo su desgracia, me pareció que el espacio se abría sólo para mí. Qué lejos estaban los pueblos entre sí !que soledades más grandes!

Para matar el tiempo, jugábamos a cantar, al veo, veo al...El sueño me había vencido al dulce balanceo de las vertiginosas curvas del puerto, que mi marido con su pericia al volante, era capaz de tomar a velocidades de cuarenta o más. En Baza, paramos a comer como todos en la venta del Ángel y después de dejar que el sol abandonara su mirador en el zenit de los cielos haciendo reverberar su luz en las chumberas, que ofrecían sus frutos a los pasajeros que se atrevían a circular por allí, seguimos camino a Granada.

Puerto de La Mora, atasco... Entre Gordinis, Renault-8TS y Seat 124, el Simca se deslizaba ya oliendo a Granada pura, la Alhambra, roja de arcilla y de luces, se asomó a vernos llegar. Mi pecho joven, latía con la emoción de volver a ver Granada. Busqué a un ciego y limosna le dí: Dale limosna mujer/porque en la vida no hay nada/ como la pena de ser ciego en Granada. Llegamos como siempre al hotel Montecarlo, donde el amigo de mi marido "El Chapi" al que conoció de botones y hoy orgulloso director del hotel, parecía que nos esperara, para ofrecernos lo mejor que se había hecho en reforma de la parte nueva, nos enseñó en la habitación un invento nuevo "el hilo musical" y arrullados por el hilo musical... el amor... Y el cansancio, quedamos dormidos siempre...Siempre abrazados.
pepa herrero

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