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miércoles, 27 de julio de 2011

EL BARCO Y LA LUNA

Todas las noches salía el barco a pescar, siempre miraba a la luna y con el ronronéo de su motor, le cantaba, le decía cosas dulces, a veces el viejo motor se atascaba y tenía que toser haciendo falsas explosiones, pero él, no se ponía nervioso, uno, dos, tres,cuatro, admisión, compresión, explosión, escape...Así, así no falla núnca y que bonito es navegar teníendo en mi lomo al patrón y sus compañeros y en el alma, los ojos de la luna llena.

Aquella noche, era igual que las demás, saliendo por la escollera, los ojos del barquito, buscaron a su amada luna, pero al parecer hoy no podía salir, sin duda algún compromiso o quizás una visita inoportuna...Algo había hecho que luna, no acudiera a su cita de cada noche con su barco enamorado.

Nuestro amigo no salía de su asombro, ¿como es posible que no haya venido? ¿es que no se encontrará bien? ¿a quien podría preguntarle.? la noche, no se dió muy bien con la pesca, Alberto, su amigo el patrón, en varias ocasiones protestó y se quejó de lo malos que eran sus compañeros de esta noche, pero el barco pensando con su problema y nervioso por no haber visto a luna esta noche, tampoco prestó mucha atención a lo que decía Alberto.

Si ambos amigos, (barco y patrón) no hubieran tenído tantos problemas esa noche, quizas se hubieran dado cuenta de que la madera, en un fallo del calafatéo, estaba dejando entrar el agua por la amura de babor, poco a poco, se iba colando en la sentina, sin que nadie se diera cuenta, hasta que llegando al motor, llegó a inundarlo. Nadie se dió cuenta, ronzaban y trataban de buscar un sitio donde poder disfrutar de una noche que no prometía nada.

Fue irremediable, cuando Alberto quiso darse cuenta, la imposibilidad de volver a arrancar el motor y el peso del agua, hizo que el barco se hundiera, no sin antes mirar al cielo, buscando a la luna, entre el ruido de las olas (que no era fragor) y los nervios de aquellos hombres de tierra adentro, Alberto, no pudo conseguir evitar el naufragio, en ese momento entre las nubes que esa noche corrían como nunca habían corrido, salió la luna sólo un momento para llegar a ver como su enmorado, terminaba de hundirse. Solo Alberto, hombre de mar y sereno, pudo salvarse de la tragedía.
pepaherrero

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