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sábado, 24 de septiembre de 2011

NO ME ESPERES A COMER 2ª PARTE

Decidida Margarita a que su familia saliera adelante, consultó con su abuela la forma de hacer esas deliciosas conservas, que tanto gustaban a quien tenía la suerte de probarlas.
La abuela, para quien su nieta estaba por encima de todos los santos, se puso manos a la obra y en un santiamén, el mortero, el rayador y todos los ingredientes, ya estaban en estado de trabajo, las mujeres, se pusieron manos a la obra y después de toda la tarde de trabajo, habían encima de la mesa, cien frágiles y lustrosos botes de conserva, que a mí me hubiera gustado poder probar. Las mañanas Margarita, las dedicó a ofrecer su mercancía en las mejores tiendas de su zona. La cosa, no pudo ir mejor, cuando Margarita de regreso a su casa, le enseñó a Marcial el producto de la venta, Marcial pensó que por no haberse dedicado a hacer aquellas conservas, habían desperdiciado los mejores años de sus vidas. Por la tarde, Marcial ayudó a su mujer y a su abuela en la confección de otro lote de conservas y a la mañana siguiente, de nuevo Margarita gozó viendo que al fin se alejaba la crisis de su casa. De nuevo había vendido todo el producto.
Después de cuatro meses de felicidad total, de trabajo bien hecho con el amor de toda la familia, la noticia cayó como una bomba. Lina, se había marchado de la casa que compartía con Luis. Sólo dijo que había encontrado el amor de su vida, el pequeño Marci, quedó al cuidado de Luis, quien al poco tiempo dejó de poder pagar el alquiler del piso y tuvo que regresar al seno de la familia, donde fue recibido con el amor al que estaba acostumbrado. A pesar de que no se sentía muy motivado con el asunto de las conservas, él también arrimó el hombro y ayudó en lo que pudo, sin perder de vista al pequeño Marci. El abuelo Marcial era quien más se involucraba en la crianza del nieto, el tiempo transcurría, había felicidad en la casa.
Aquella tarde, mientras la abuela estaba a vueltas con los productos, se presentó aquel señor: -Entréguenme sus documentos de identidad, no se marche nadie y todos los utensilios y los productos, quedan requisados y en poder de sanidad. El susto fue mayúsculo, A la mañana siguiente, Margarita estaba en el despacho donde se le había citado, no. No tenía aquellos documentos que le estaban exigiendo, en su afán por que su familia subsistiera, antes que nada pensó en trabajar, también pensó que tendría que legalizar su negocio y lo iba a hacer en cuanto su bolsillo, se recuperara un poco, del gasto que le había ocasionado la compra de los bártulos para poder hacer su trabajo con tanta pulcritud como ella se exigía. FIN 2ª PARTE

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