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sábado, 17 de diciembre de 2011

NAVIDAD DE UN PINTOR- CUENTO DE UN PINTOR VENECIANO DEL SIGLO XV 4ª PARTE DE 5

El que llegó a la altura de Miguel Ángel en pintura fue Rafael, pero como escultor…Por muy arquitecto que fuera y buenos amigos que tuviese en Roma…Bueno pues como ya le he dicho, he vendido algunas copias de estos artistas y he podido llegar hasta el día de hoy, que quedo de usted su servidor. Tu historia me ha conmovido, le dijo el bueno de Don Berrugone, a partir de ahora, vamos a ser socios y por ser tú, lo seremos al cincuenta por ciento y mientras tú sólo tendrás que hacer la pintura, yo me encargaré de todo lo demás. El negocio fue floreciente, al principio fue un poco lento, pero Il signore Apertutto, no se paraba ante nada y al no tener (de momento) con que hacer frente al nuevo negocio, buscó a un inversionista, que vivía en el gran canal, al lado de la iglesia de San Simeón Pequeño, zona donde los palacios y grandes casas, suscitan reminiscencias históricas y artísticas, cuya sugestión logra encender las pasiones más controvertidas, al ver aquellos paisajes mutando por el sol según cambia la hora. Monsigniore Berrugón Tuttomío, a la sazón miembro de la milicia veneciana y gran hombre de la República, además de la casa donde habitaba, era propietario de una casa en el Río de San Barnaba antes de su desembocadura en el Canal Grande, donde según se comentaba, solía llevar a sus amantes (jovencitas cuyos padres, podían tener alguna cuenta pendiente con la justicia y se veían obligados a pedir algún favor a este siniestro personaje). Seguimos. Puestos en contacto con el “amable Monsigniore” cambió la sociedad entre las dos personas, para recibir al nuevo socio, que a partir de ese momento, pasó a llevarse el cincuenta por ciento de la sociedad (él pagaría los impuestos claro) el resto, se redistribuyó entre Il Signore Apertutto y nuestro amigo Pertutti al cincuenta por ciento (ya sólo le queda el veinticinco) el negocio, desde la entrada del nuevo socio, va viento en popa y a toda vela que diría, el maestro Bermeggini como consumado marino que es. Berruggini Pertutti se hace hombre de bien, los días pasan contentos, la vida sonríe al hombre que ayer niño, fue abandonado por sus padres en cualquier lugar del paraíso. Y aquella mañana, cuando salía camino del barrio de San Pablo a comprar pigmentos para hacer sus pinturas, vio entrar en la iglesia de Santa María Gloriosa de los Frailes a la joven que dos años después, sería su bien amada esposa, sus ojos se prendaron de la joven y sus pies la siguieron hasta caer de rodillas ante el cuadro de “la Asunción” obra del maestro Tiziano (1.518) a la que orando le pidió la mano de aquella dulce joven, tras la cual había entrado en la iglesia (y que la virgen, haciendo un guiño al joven maestro, le concedió). Al salir a la calle, la joven sintió su amor desbordarse con aquel joven que con tanto amor la miraba, dos años después y a los pies de esta Virgen, se juraron amor eterno. FIN 4ª PARTE

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