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sábado, 10 de diciembre de 2011

TERESA LA CASTAÑERA 2ª PARTE Y FIN

Desde que se dio sepultura a Teresa, la joven Teresa, se hizo cargo del servicio de la casa, una nueva doncella entró a ocupar el sitio anterior de Teresa. Por su trabajo y dedicación, Teresa fue la mujer de confianza y amiga de Doña Luisa, la dueña de la casa. Transcurrieron cinco años sin ninguna novedad, pero el paso del tiempo, todo lo mueve y nuestra Teresa ha conocido a un joven, del que se ha enamorado y que después de darle el visto bueno la familia Zaldívar, entró a cortejar a la buena Teresa. Después de una relación de casi dos años, Pedro la ha pedido a Teresa, que se case con él y lo acompañe hasta Madrid, donde le han ofrecido un trabajo muy interesante y después de pedir permiso a la familia, ha dejado el servicio de los Zaldívar y siendo la señora de Pedro Armas, han salido para Madrid, donde se han establecido y durante muchos años han sido felices, creando una nueva y numerosa familia. Hace dos años, que la señora Zaldívar ha fallecido. En su testamento, ha dejado una pequeña cantidad de dinero y una carta lacrada en poder del Notario, que entregó en mano a la buena de Teresa. En la carta, Doña Luisa le confiesa a Teresa, que ella y su hermana Consuelo, son hijas de Teresa, su antigua sirviente y del señor Zaldívar, antes de contraer matrimonio con ella. Por no saber nada de Consuelo, ella sólo pudo ayudar a Teresa y siempre guardó el secreto, para evitar el escándalo en la familia. Aunque la pobre Teresa, hizo todas las gestiones para encontrar a su hermana Consuelo, fue todo inútil, su hermana, había desaparecido. Teresa, siempre llevó a su hermana en el pensamiento, hasta que la maldita crisis, empezó a complicar la vida de una familia que siempre había vivido holgadamente de su trabajo, pero un negro velo, empezó a cubrir de oscuridad las huellas de la familia. El día que le dijeron a Pedro Armas que ya no era necesario en el trabajo, fue como el golpe que recibe el boxeador en el mentón, sólo pudo tenerse en pié el tiempo suficiente para llegar llorando a su casa y pedirle de rodillas perdón a su mujer, luego en su habitación, encontró la forma de suicidarse usando la correa de sus pantalones. Su hijo, que también trabajaba en la misma empresa, a los pocos días, siguió el camino de su padre, pero joven y padre de un niño, su instinto de conservación, lo hizo pensar que podría salir de aquel trance, luchando en lo que fuera. Teresa, le dijo a su hijo que ella en otros tiempos también muy malos, había llegado a vender castañas para poder ganarse la vida, así que por lo menos, lo intentaron. Cuando el hijo de Teresa salía del hospital, los años se le habían echado encima, al pobre niño, le habían diagnosticado cáncer. Cuando llegó el hijo de Teresa al puesto que tenían en la esquina de Puerta del Sol con calle Montera y contó a su madre lo que pasaba, Teresa sintió como su carne se abría y a Dios se lo pidió, ¡señor si me ayudas! El fin de la historia, está en la historia del día veintitrés de noviembre “En las notas de un violín” pepaherrero.

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