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domingo, 18 de diciembre de 2011

NAVIDAD DE UN PINTOR- CUENTO DE UN PINTOR VENECIANO DEL SIGLO XV 5ª PARTE DE 6

¿Pero eterno, es para siempre? ¡No, claro que no! Para siempre es para mientras dure el amor, ¡más no! Pertutti se olvidó de los pigmentos, se olvidó de su trabajo y no tuvo más remedio que hablar con su socio, que lo único que le interesaba era su pintura y “que se dejase de amoríos tontos” pero no podía comprender el corazón de un hombre joven y con ansias de vivir.
Después de dos años de no atender debidamente “el negocio” Berruggini Pertutti, se casó con la mujer de sus sueños. El matrimonio que tenía que apagar su fuego, tuvo un efecto contrario, Pertutti corría el peligro de volverse loco por aquella mujer. Apertutto, viendo la situación que en vez de mejorar, empeoraba, fue a ver a Monsigniore Tuttomío, quien después de recriminar a su socio el no haber sabido vigilar “el negocio” le dijo: Signore, comprenderá que el negocio es el negocio y si lo sigo dejando en sus manos, usted y yo, pronto estaremos en la ruina, así que por un cinco por ciento de su parte en el negocio, yo haré que vuelva a ser productivo, déjelo de mi cuenta. Y dando la vuelta, sin más, dejó sólo al pobre Apertutto, quien cabizbajo salió de aquel palacio, pensando que si un día pudiera…Mientras tanto Monsigniore, ha mandado llamar al Gigoló más famoso de toda Venecia, quien antes de que canta un gallo, se postró a los pies del Monsigniore. Tuttomachio, se que tienes fama de ser el más grande Gigoló de la zona ¿es cierto?...Monsigniore…Bien no digas nada más, si quieres que tu padre salga del pozo de las mazmorras, donde se está pudriendo, me tienes que hacer un encargo y tal vez…Monsigniore…Tienes que conquistar a la mujer de Berruggini Pertutti y él se tiene que enterar sin lugar ninguno a dudas. Si lo consigues, tal vez puedas conseguir la libertad de tu padre, pero si no es así, prepárate para ir a hacerle compañía…Monsigniore…Tutomachio salió dispuesto a cumplir con el encargo del Monsigniore y como es lógico, poco pudo hacer aquella pobre esposa, ante los ataques frontales de tan experto Gigoló. Cuando el hecho fue consumado, cuando todos supieron la verdad de lo acaecido, en el campo San Bartolomeo, donde desde el día de su boda los nuevos novios se fueron a vivir, los niños empezaron a llamar al maestro Pertutti, por otro apellido no tan conveniente. 5ª PARTE

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