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sábado, 19 de mayo de 2012

EL CIERVO HERIDO

Cuando cayó en el bosque, nadie lo vio, fue una bala perdida, de aquellos malditos furtivos. Lo malo de estos casos, es que los furtivos no iban al bosque a buscar comida, de lo único que se trataba, era de hacer daño. Sólo y exclusivamente por el placer de hacer daño. Ya hacía tiempo, que el joven animal, estaba en su punto de mira, ellos al verlo indefenso, pensaron que era el momento oportuno, entre los dos obligaron al confiado animal a entrar en aquella vaguada, allí no tenía escape y mientras el pequeño animal buscaba un hueco por donde escapar, los furtivos, reían y estrechaban el cerco, regocijándose en el sufrimiento del cervatillo. Entre los sones de la charanga de los habitantes del castillo, la madre veía a su hijo jugar con aquellas dos personas y pensó para si, que no eran la compañía ideal y al mirarlo, no se dio cuenta del sufrimiento que con el acoso estaba padeciendo…tal vez, si ella hubiese estado más atenta, se hubiese fijado en las caras de satisfacción de los malvados y quizás hubiese podido ayudar a su pequeño. Sangrando y sin a penas poder andar, el joven cervatillo, se arrastró hasta el riachuelo donde lavó sus heridas y sobreponiéndose a su dolor, pensó en lo inocente que había sido al creer a aquellos hombres y escuchar sus palabras, al principio creyó que lo único que pretendían, era acariciarlo, como hacían otras personas, en su inocencia, no cabía la maldad. Cuando entró en el valle, aquella cierva bravía, el pequeño pensó en pedirle ayuda y sus ojos la miraron implorándole que se fijara en él, pero en el fragor de la fiesta, todos andaban muy ocupados y la cierva bravía, era la responsable de controlar las entradas y salidas de los asistentes a la fiesta, por lo que no llegó a prestar atención al pequeño, que la miraba con sorprendidos ojos, sin llegar a entender, porque tan sólo él, era el acosado. Se escondió, corrió por todas las zonas transitables del bosque, sus ojos espantados buscaron por todas partes y no encontró a nadie, que le pudiera ayudar en su angustiosa situación. Después de herirlo, los furtivos se marcharon, se marcharon riendo por el miedo que a aquel maldito animal, habían hecho sentir, no tuvieron escrúpulos por ser los causantes de su dolor, al contrario, sus tristes lamentos hacían crecerse más la rabia que contra él sentían y el animal sólo sabía preguntarse ¿por qué?. Al día siguiente, su madre ya le había restañado sus heridas y le había aconsejado que no se juntase con cierta clase de personas. Cojeando y renqueante, el pequeño, salió a pasear por los jardines del castillo y encontró al ciervo jefe de la manada y cuando el pequeño le contó su historia, el jefe le contestó, que aquello, le tenía que servir de experiencia, para medir con cuidado, a quien daba su amistad y para que fuera aprendiendo el oficio, le mandó escribir cien veces la frase “tengo que mirar bien” y colorín colorado, este cuento se ha acabado.pepaherrero

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