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sábado, 16 de junio de 2012

BUENAS NOCHES, DOÑA CARMEN RAMOS...

Cuando vino a verme mi gorrión, no podía ni imaginar la que me tenía montada, hola Pichi, cuanto tiempo sin verte ¿Cómo estás? ¡Hay Pepaherrero! ¡Hay pepaherrero! Tú me dices que eres amiga mía, pero luego no te acuerdas de que existo, si me entero de tus cosas, es por amigos del mundo animal, como si a nosotros no nos interesaran vuestras cosas y las tuvierais que disfrutar sólo entre vosotros. Y me ha contado la paloma de la plaza del Corte Inglés, que anteayer os vio con Belén Estevan, visitando a Doña Carmen Ramos. Cuando Doña Carmen tuvo “el accidente”, fuimos los primeros en pedir ayuda para ella y a nadie le dolió tanto como a nosotros y aunque no se nos trate como merecemos, nosotras si que procuramos servir de ayuda a todas las personas. (Aunque a veces, les dejemos algún recuerdo nuestro en su ropa) pero nadie es perfecto. Así me lo contó la paloma y así te lo cuento y como todos los pajarillos de Alicante somos sus amigos, si al menos, me hubieras dicho que la ibas a ver, te hubiera mandado a uno de mis hijos, para que le hiciera compañía y a la vez, le sirviera como ayuda de cámara. Cuando mis abuelos conocieron a Doña Carmen, era la mujer más atractiva de todo Alicante y junto con su esposo, hacían la pareja más elegante y distinguida que paseaban por la Rambla y eran envidiados por las gentes de más alcurnia, pero nunca consiguieron, (quizás por culpa de mis abuelos) tener una verdadera relación de amistad con la familia “Pichi de ayer” y hoy, que el tiempo ha pasado inexorable, mis lágrimas a veces inundan mi nido cuando pienso en lo feliz que yo hubiera sido, si hubiera podido conseguir un poco de su amor. A veces hablo con Ximet y le cuento anécdotas del Alicante antiguo y Ximet que también es un sentimental, me dice, que siendo él muy pequeño y estando en el hospital, Doña Carmen fue a visitar a aquella amiga suya enfermera y a llevarle su libro “Lazaro” con una dedicatoria suya, cuando se cruzaron en el pasillo, Ximet le gastó a Doña Carmen la broma de hablarle de mí y Doña Carmen, cogiendo a Ximet en sus brazos, lo besó y le dijo que era conocida mía desde hacia mucho tiempo, lo que me llenó de gran orgullo y siempre que he podido, le he dejado una ramita de su apellido (Romero) con una pequeña pluma…la más cercana a mí corazón en su ventana. ¡Doña Carmen!, aunque pepaherrero, no le haya dicho nada de mí, sepa usted, que la quiero casi tanto como a usted y también estoy muy orgulloso de ser su amigo desde ya hace un montón de años, repóngase pronto, que en cuanto usted esté mejor, vamos a comernos toda la ensaladilla que nos pueda hacer pepaherrero (que la hace muy buena) y luego, tendremos tal juerga, que Belén Estevan se va a acordar de Pichi, cuando la fue a visitar al hospital donde trabajaba y en un descuido, le robé aquel plato de comida que se había preparado para ella y del que el buen Ximet, se había enamorado como un colegial. (Pobre Belén) que hambre pasó aquel día. Pepaherrero.

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