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sábado, 11 de agosto de 2012

LÁGRIMAS DE SAN LORENZO

Apenas una niña y ya conocía las lágrimas de San Lorenzo, aquella noche mágica, me era imposible dormir, pero soñaba despierta en que pronto llegarían las lágrimas y yo podría contarlas, desear cosas bonitas para todos y recordar la historia que me había contado mí “tete” Lorenzo. Por ser la más pequeña de la casa y quizás sólo por eso, mí hermano era mí héroe y cuando él me hablaba, yo lo escuchaba con arrobo. La historia cuenta que Lorenzo, era el encargado de guardar los tesoros de la Iglesia y después de crucificar al Papa Sixto II los centuriones romanos le exigieron a Lorenzo, que les entregara todos los tesoros que guardaba la Iglesia. Lorenzo les pidió tiempo para poderlos reunir y cuando lo hubo conseguido, recogió a todos los menesterosos y enfermos que pudo y los presentó diciendo, que ese era el tesoro de la Iglesia. Por supuesto, fue martirizado y asado en una parrilla. Y aunque la historia pueda ser un tanto tétrica, es la mejor forma de llenar las fantasías de una noche del pleno verano, donde el calor, puede compararse con el suplicio del pobre Lorenzo. Mientras yo niña, esperaba la llegada de la noche mágica de las lágrimas, como un regalo, que gracias al nombre de mí hermano, me era dado a mí en particular, engarcé bordé y zurcí en mis juegos a aquellos fuegos artificiales y durante muchos años, (hasta el día de hoy) sigo siendo una enamorada de la noche de las lágrimas de San Lorenzo. Creo que esta noche no podre velas, cada año me resulta más difícil encontrar el sitio tranquilo, desde el que poder cumplir el ritual de su observación, por la contaminación lumínica y porque cada año que pasa, tengo más miedo de encontrarme sola con mí marido, en una zona desconocida, (por lo que pueda pasar.) hace ya tres o cuatro años, estábamos sentados en una zona que nos pareció propicia y allí cenamos, y después de recoger la basura y guardarla en el coche, las sillas reclinables, nos permitían ver directamente la zona de firmamento que nos podía interesar. Vimos estrellas fugaces y también vimos altísimos satélites que haciendo su orbita sin cansarse de ver las maravillas del firmamento. Pero ya eran casi las dos de la madrugada, y apenas si habíamos visto a nuestras queridas Perseidas yo había contado hasta cinco…el coche, se dirigió hacia nosotros casi en silencio… La pregunta salió del sitio del conductor, una voz correcta, pero en el caso un poco dura, nos preguntó, por donde se iba al Maigmó, mí marido se dirigió a el conductor, viendo que en el interior habían otros dos jóvenes, que al parecer llevaban su juerga por aquellos andurriales y se habían extraviado, la respuesta de mi marido, fue indudable, allí delante, a cuarenta metros, verán otros dos coches, al llegar tienen que coger el camino a mano izquierda, así lo hicieron, dándonos tiempo a recoger las sillas y salir zumbando en dirección contraria, para no volver a tener visitas de aquella clase, esta noche, me quedaré en casa, escribiré un rato y pensaré en aquellas queridas estrellas fugaces y me acordaré de las noches en que antaño conté hasta cientos de dichas estrellas, que pasaron a saludarnos. pepaherrero

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