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viernes, 24 de febrero de 2012

EL RETORNO

Toda su vida la había pasado sudando carbón, en el fondo, aquella mina, no era distinta de ninguna otra mina, la entrada en la boca del lobo, a todos les daba un poco de miedo, luego cuando ya se habían tragado el miedo y volvían a ser los valientes mineros, dispuestos a vender cara su muerte, ya nadie ni nada los podía parar, incluso cuando había un derrumbe y compañeros, resultaban afectados, todos querían ser los primeros en llegar hasta el fondo del pozo, todos quieren ser los que den sus vidas por las de sus compañeros. Theo, no era ni más valiente, ni más cobarde que los demás, pero cuando las sirenas de la mina hicieron sonar su estridente voz, era el que más cerca estaba de aquellos compañeros, necesitados de ayuda. Con su cara negra y sus ojos de un azul celeste, que a veces parecían querer iluminar el fondo de aquellas galerías, nadie se subió a la vagoneta, sólo Theo y sultán, aquel perro que parecía intuir las desgracias y al que nadie conseguía apartar de la primera zona de peligro, solos los dos llegaron hasta el ascensor, y solos llegaron hasta el fondo del negro camino. La entibación de las galerías había sido dañada, hasta el extremo del hundimiento total de varias galerías, el fuerte olor que de las mismas emanaba, resultaba preocupante, cualquier bolsa de grisú, podía ser mortal, tanto para el hombre que se jugaba su vida, como para el fiel perro que lo acompañaba, sin esperar ninguna recompensa, fueron tratando de abrirse camino entre aquel caos de madera roca y tierra, el agua ya le llegaba al hombre hasta las rodillas, el perro nadaba más que caminaba, pero ni uno ni otro cejaban en su empeño, cuando vieron al “guaje” antes de llegar, ya lo llamaban por su nombre, Pelayo, Pelayo…El “guaje” hecho de carbón y barro, a duras penas se pudo revolver, non jodas Theo, tenias que ser tú y con mi Sultán ¡que suerte! Y eso fue todo, cerrando los ojos, Pelayo entró en el mundo de los sueños. !Pelayo…Pelayinn. Despierta fillo!. La lengua de Sultán, trataba de limpiar aquella carita de la argamasa que la hacía parecer una mascara de carnaval. Theo sin pensárselo dos veces, cuando de nuevo escuchó el crujir de las vigas, sabía que estaban perdiendo su flexibilidad, era sólo cuestión de breves segundos, que la galería se hundiera como había pasado con las otras, echándose al “guaje” a cuestas, corrió camino del ascensor, nada más empezar a andar el artilugio, Theo escuchó el derrumbe que hubiese supuesto sin duda alguna la muerte segura del guaje y suya. Al salir a la luz del tímido sol, sus pulmones llenos del polvo negro del carbón, no aguantaron más, tosió, vomitó y salió corriendo de nuevo hacia la entrada de la mina…Sultán, Sultán se había quedado halla en el fondo, la culpa había sido suya, se ofuscó pensando en lo que hubiera podido ocurrir a Pelayo y aunque se podían haber salvado los tres, el pobre Sultán había sido olvidado. Theo lloró, lloró la muerte de aquel querido animal, Sultán, desde cachorro, había sido querido por todos los mineros que trabajaron en aquella mina y por su culpa había muerto. De nuevo los pulmones se le anegaron, la tos, los vómitos y la rabia hicieron que Theo perdiera el conocimiento y cuando en la sala grande del hospital, regresó de nuevo a la vida, tenía la sensación de que su madre le lavaba las manos, la sensación no cambiaba, sentía las manos mojadas, su verdadero regreso a la vida fue cuando Sultán mordiendo con suma suavidad su mano, tiró de ella obligando a Theo a levantarse de la cama y abrazar a su amigo Sultán, mientras el “guaje” Pelayo reía con los dos amigos, juntos los tres salieron de aquel hospital al que nunca volvieron, ni a la mina tampoco, Theo fue gratificado por su valor y el “guaje” ya nunca se separó de su “tío” Theo.pepaherrero-para Olga con respeto y cariño.

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