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lunes, 27 de febrero de 2012

UNA VIDA SOBRE RUEDAS

Pepe “el camionero” es trabajador, es buen padre y mejor esposo y por si todo esto es poco, es honrado, leal y educado, cuando abandonó el seminario, sus padres pensaron que había hecho la mayor tontería de su vida (quizás, de la de ellos) cuando sólo contaba diez años, lo hicieron monaguillo de aquella pequeña iglesia, su mayor ilusión siempre fue tocar las campanas, (tal vez, por su amor a la música) el padre Sebastián, ya a punto de jubilarse estuvo muy interesado en lograr una plaza para aquel niño con trazas de angelito y no paró, hasta conseguir el permiso de la familia para que ingresara en el seminario. Mientras la madre le arreglaba la maleta y le preparaba los efectos que debía llevar a su nueva vida, no paró de recomendarle, Pepe, pórtate bien, haz caso de lo que te digan los padres, piensa que esta oportunidad, va a ser la más importante de tu vida y Pepe, a todo decía que si, mientras en la boca, tenía un sabor agridulce, ante lo desconocido, ¿Qué sería de él? ¿Con quien voy a jugar a partir de ahora? ¿Quién me va a arropar por las noches? Y el mundo que se abría ante él, era desagradable y desconocido. Luego, cuando ya estuvo en el seminario y la cosa no tuvo remedio, la sensación de angustia, fue en aumento. Y muchas, muchas veces, el miedo le hizo pensar en que lo mejor, hubiera sido fugarse de su casa, cuando todavía estaba a tiempo, pero entonces, aún tenía el abrigo de su madre y mientras hay vida… Después de la clase de Teología, se reunió con Miguel, su mejor y único amigo desde que llegaron a aquella cárcel, ya llevaban dos años enclaustrados y las fuerzas les abandonaban por momentos. Cuando decidieron emprender la fuga, no tenían claro como lo iban a hacer, los dos escaparían cuando el padre Montiel saliera a tomar su ración de queso y vino, al terminar de contarles la historia de su triste vida, la cual ya conocían a través de los dos años pasados juntos y tantas veces repetida. Al salir a la calle, acordaron dirigirse cada uno hacia un sitio diferente, así sería más difícil, ser atrapados los dos y en caso de poder escapar, se verían dentro de tres días en los alrededores del campo de futbol de la capital cercana, Pepe llegó el primero y después de estar dos días esperando por su amigo Miguel, decidió tomar el camino hacia Alicante, donde podría encontrar a Lucho, Lucho era el hombre que llevaba al seminario la ropa limpia y siempre le había dicho, que si un día dejaba el seminario, él tendría un trabajo esperándole. No pudo encontrar a Lucho por mucho que lo buscó, pero al llegar a “Mercalicante” al momento encontró trabajo en la descarga y a los pocos días aquel agricultor de Cox, se lo llevó a la Vega Baja, donde al año siguiente, se hizo novio de la hija y poco tiempo después, se casaron, el suegro, hombre de bien y viendo que el joven era digno de toda confianza, le compró un camión articulado, con el que se dedicó a hacer portes por toda Europa, consiguiendo fama de buen conductor y de hombre honrado, tuvo además la suerte de que en aquel viaje, en Amberes, se encontró a su amigo Miguel, a quien hizo volverse a España con él, haciéndolo socio suyo y a la vez casándolo con Espe, su cuñada pequeña, hoy en toda la Vega Baja, son conocidos como los “cuñados” respetados y queridos. pepaherrero

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