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miércoles, 21 de noviembre de 2012

PIN-TAO Y LO DEMÁS

Se había quedado sólo en casa, la abuela había salido a comprar a Mercadona y a un niño, no se debe dejar sólo. Pin-tao abrió la puerta de la casa y no se como lo hizo, pero vino a aterrizar a mí casa, al principio, me pareció que era un perrito que se le había escapado a un vecino, pero tras pasar dos veces por delante de mi cocina, me di cuenta de que se trataba de un niño muy pequeño. Abrí la puerta de la calle y allí estaba él, quería hacerse amigo mio y me estaba ofreciendo un zapatito, que antes había quitado de su pie…¿Y tú quien eres? Le pregunté, a lo que sin dudar él me contestó con toda desenvoltura Pin-Tao…hombre que bien, yo soy pepaher…ngggnnnssnrrrn…!ah!, que sólo hablas el chino, bueno, entonces soy pepaherrero en chino. A lo que mi nuevo amigo, me contestó metiéndome el zapatito que antes no le había cogido en el bolsillo de mí bata de estar por casa. Miré hacia el primer piso, pero no vi a nadie, por lo que seguí dando carrete a Pin-Tao, quien al parecer, hizo buenas migas conmigo, pero la cosa es que dentro de un rato, llegará mí marido, y le tengo que hacer la comida, bueno, Pin-Tao, entra a casa y te vas comiendo un trozo de pan y mientras yo pondré la comida. Al entrar en la cocina, quiso saciar su hambre de saber, todo lo trasteó y hasta la botella de aceite para reciclar, trató de meter en su boca. Este niño me va a dar la mañana, cuando terminé de poner la comida, llevé al niño hasta el teclado, para ver si lo entretenía un rato. Encendí aquel aparato, puse el libro de solfa en el atril y traté de hacerlo sonar lo mejor posible y…oh sorpresa, el niño se acercó con mucho desparpajo y una octava más baja repetía las notas que yo ejecutaba, sólo que con más gracia que yo. Como no daba crédito a lo que estaba escuchando, repetí la misma operación con otra partitura y el resultado fue el mismo, él repetía las notas que yo tocaba, sólo que en una octava más baja que yo. Mientras tocaba, no paraba de mirar al niño, mis ideas se me escapaban de la mente, como caballo desbocado, ¿no será un enano con cara de niño? Pero no el niño seguía sin soltar más palabra que Pin-Tao cada vez que yo le preguntaba su nombre. Lo tomé de la manita y salimos de nuevo a la galería y allí estaba, en la acera de enfrente y llamando de voz en grito, la pobre abuela, estaba desesperada, tan nerviosa estaba, que no se dio cuenta, de la mujer que desde el tercer piso, le hacía señas para hacerle ver, que con ella, estaba su nieto, en su desesperación, la mujer se fue calle a bajo buscando al niño, yo cerré la puerta de la calle y me fui tras ella, la mujer salió corriendo y yo ya no la pude seguir, di la vuelta y esperé en la puerta de la urbanización, pensé que pronto regresaría. No habían pasado cinco minutos, cuando llegó un flamante Bentley que al frenar, casi hace que el todo terreno Porche que llegó detrás casi casi, le diera por detrás, con desespero cogieron a Pin-Tao de mí mano y poco faltó para que me sacudieran en la cabeza, gracias a que uno de ellos hablaba el castellano y entre la media lengua de Pin-Tao y mis nervios, contaron lo ocurrido, en aquellos momentos, llegó una chinita de las que viven en la urbanización y dio fe de que yo no era una raptora de niños, a Pin-Tao, lo cogió una de las chinitas en brazos, él lloraba, quería volver conmigo a vivir otra aventura, pero la verdad es que mis nervios, no lo hubieran aguantado. pepaherrero

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