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domingo, 6 de noviembre de 2011

EN LA VIEJA NAVE 2ª PARTE

No se lo pensó dos veces “Nardo” y saltó por encima del borde del cajón con la intención de ayudar en lo que hiciera falta a Pedro, pero cayó con tan mala fortuna que un gran cristal, cortante como una navaja de afeitar, cortó su muslo derecho, produciendo una abundante hemorragia al parecer incontrolable. Marco mandó hacer un torniquete, con un trozo de cinta de las persianas y una barra de hierro que encontraron en el alfeizar de la ventana de donde cogieron la cinta.
Cuando hubieron auxiliado a su amigo “Nardo” miraron donde se encontraba Pedro y descubrieron, que el mismo cristal que había herido a “Nardo” al caer empujado por la broma de sus amigos, había seccionado la yugular del niño que murió en el mismo acto. Marco mandó a José a buscar ayuda. ¡Tienes que pedir que venga una ambulancia y avisar a la policía! ¡Pero lo primero la ambulancia! ¡Corre, corre, José por Dios o se nos muere también “Nardo”.
El tiempo seguía su curso normal, pero para Marcos, el tiempo se detuvo justo al salir José por la puerta de la nave. La pierna de “Nardo” seguía perdiendo mucha sangre y Marcos apretaba y soltaba el torniquete que le había hecho viendo algunas escenas de la tele donde siempre el chico salvaba a su enemigo. Como el tiempo transcurría tan lento el buen Marcos, pensó en la forma de sacar de aquel horrible cajón a su amigo “Nardo”.
Bernardo Amores Casas, que nombre tan raro para ir a morir en una nave abandonada y por culpa de un viejo cristal, que hubiera tenido que estar en una ventana ¿Cómo fue a parar a aquel cajón? ¿Cómo habían ellos ido a parar a aquella maldita nave? A él le atraían más otra clase de juegos, más tranquilos, menos peligrosos, pero en fin, ahora ya no tiene remedio. Tarda mucho en llegar José y la pierna de “Nardo” no mejora, en cuanto dejo de apretar el torniquete, vuelve a manar la sangre. ¡Dios ayúdame! El grito del niño-hombre salió de su corazón, alguna rata atrevida y movida por el olor de la sangre, se quedó mirando a donde se había escuchado la angustiosa petición de ayuda, a duras penas pudo escuchar el sonido de la sirena de la ambulancia, cuando ya se encontraban a su lado tres personas profesionales que se hicieron cargo de la situación. FIN.-pepa herrero

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