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sábado, 5 de noviembre de 2011

EN LA VIEJA NAVE

Los cuatro amigos se reunían, para ir a jugar en la vieja nave. Aquella nave un día fue una fábrica de hacer botones, pero el plástico la dejó obsoleta y abandonada. Cuentan los más mayores, que hace lo menos cuarenta años, la fábrica de botones fue pasto de las llamas y hasta hubo quien se atrevió a decir, que el incendio sólo fue la tapadera con que tapar las deudas que los nuevos tiempos, fueron trayendo a los dueños del negocio. Lo malo fue que en el incendio, murió un mendigo que al parecer se pasaba allí las noches, con permiso de los dueños, que así se ahorraban el tener que pagar un guardia nocturno.
Aunque nadie creía en aquellas historias, todos tenían buen cuidado en pasar lo más lejos posible de la vieja fábrica (sobre todo de noche) y si bien era el sitio favorito para el juego de los cuatro amigos, no faltó quien les avisó de que podía ser peligroso el visitar con tanta asiduidad aquel sitio al parecer maldito.
Hoy, Pedro y “Nardo” han llegado los primeros y han decidido gastar una broma a Marcos y José, subiendo al piso de arriba, el cual nunca había sido explorado por los amigos, encontraron una maquina de lijar y haciendo de peana, un gran cajón, el cual con mucho trabajo, consiguieron abrir y en su interior encontraron algo que les hizo poner el vello de punta. Dos cadáveres deshechos por completo, mostraban sus tétricas sonrisas a los dos amigos, quienes cerrando el cajón, salieron corriendo hasta la calle, desde donde vieron llegar a Marcos y José.
Mientras se tranquilizaban, hablaron sobre el macabro hallazgo, como nunca habían visto un cadáver, su conclusión fue que podían ser dos animales muertos y colocados allí, para poderlos tirar en otro momento. Y pensaron que la broma podría ser esa, bien se lo iban a hacer pasar a sus amigos cuando descubrieran “las dos joyas” y aunque les pareció bien la broma, también pensaron en que quizás se iban a pasar “un poco”, pero la broma es la broma.
No tuvieron tiempo de decirse hola y ya estaban subiendo las maltrechas escaleras, José subió con ellos, pero Marco más prudente (o más miedoso) se quedó esperando a ver qué pasaba, las escaleras rotas le daban miedo. A los diez minutos, un grito ahogado se dejó oír en lo alto de las gastadas escaleras y sin dudarlo saltó hacia ellas y dirigiéndose a la zona donde se produjo el grito vio a “Nardo” y a José, que sobre las puntas de sus zapatos, se asomaban hasta un gran cajón y llamaban a Pedro con voces desgarradas.
Según le dijeron sus amigos, quisieron gastar una broma a Pedro y cuando se asomaba a mirar dentro del cajón le dieron un pequeño empujón, para asustarlo un poco y poderle contar la broma en la que habían pensado, pero el resultado, fue tan distinto a lo que habían pensado, que todavía no salían de su asombro, al caer, Pedro se debió golpear con algo y había perdido el conocimiento. 1ª PARTE-pepa herrero

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