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lunes, 5 de marzo de 2012

CUCO Y POLIDORA 2ª PARTE DE 3

Llegaron a Alicante, en el tren de las veinte quince y no teniendo dinero para poder coger un taxi, decidieron que andando se llega a Roma (no, no es que quisieran ir a Roma. Todo os lo tomáis por la tremenda) buscaron pensión por todo Alicante, pero las fechas que eran, no eran aptas para que les dieran pensión a una aprendiz de gallina y a un gusano, que por el peso que llevaba, más parecía paté de gusano, que gusano en sí. La primera noche, la pasaron en la playa del Postiguet, fue una de las noches más felices de sus cortas vidas, vísperas de San Juan, luces, fiesta, juventud loca de felicidad y turistas con la boca abierta, es lo que se encontraron aquella primera noche y por si fuera poco, un cansancio superior a sus fuerzas, hizo que los amigos y ya casi amantes, se durmieran abrazados tal y como manda la tradición fogueril “abraçant a una xiqueta”, cuando me lo cuentan, aun las lágrimas pugnan por anegar mis ojos, pero no puedo hacerlo, sin emborronar estas letras que os estoy escribiendo y no sería coherente con mi trabajo de hacer esta crónica (que es a lo que he venido). El segundo día tomaron el camino de la “cantera” y portando la maleta una vez uno y otras veces (las más) otra, subieron la empinada cuesta, mientras veían como algunos valientes atletas, se esforzaban en subirla a la carrera y otros quizás más listos, lo que hacían era bajarla (que cuesta menos) las rocas el Tram, los coches, un mundo nuevo de color y de ilusiones, se abrían para la pareja, sus ojos, no dejaban de extasiarse viendo tanta maravilla, hasta que ya bajando el sol a su ocaso, llegaron a la Albufereta y aunque el hambre apretaba sus estómagos, la necesidad de seguir su aventura, les arrastraba camino adelante. En la playa de la Almadraba, conocieron a un cisne, que según les contó, había dejado el abrigo de la zona Golf, por discrepancias con su pareja y mientras pedía el divorcio y se arreglaba lo de la casa…En los cinco días que estuvieron con “Pascual” creyeron estar en el séptimo cielo, el cisne, se había hecho amigo de todos los bañistas de la zona y cuando llegaban, lo primero que hacían era sacar sus viandas y compartirlas con el bueno de “Pascual” el cual se las agradecía haciéndoles muchas gracias y cuidando de que los niños, no entraran solos en el agua.FIN DE LA 2ª PARTE DE 3

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