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lunes, 19 de marzo de 2012

LA FELICITACIÓN

Es la hora de la comida, por ser el día de mi santo, hemos hecho un extraordinario y hemos salido a comer aquí, en el restaurante de cerca de casa, no es de grandes pretensiones, más bien, es tirando a modesto, pero…!se está tan a gusto!, Fernando, el dueño y a la vez maitre, es la dulzura hecha persona, la simpatía hecha tabernero y la gracia, hecha espectáculo. Hola Pepa, ayer, cuando vino tu marido a reservar plaza, muy a mí pesar, le tuve que decir, que había llegado tarde, tenemos reservado todo el poco sitio que tenemos, desde hace más de dos meses, yo por mi parte, le ofrecí mi casa donde podíais haber tenido más intimidad y a nosotros, nos hubiera venido muy bien el poderos atender allí, (cosa que con otros amigos, no nos atreveríamos a hacer) pero tu marido, no es persona que se deje convencer por las buenas y me contó mil y una historias, desde la manida del compromiso, hasta…hasta, hasta que viendo que me era imposible, me amenazó con su arma secreta. Ya estamos a punto de terminar la comida, ya es casi la una de la tarde, el salón, está vacío y todavía, no hay señales de que vaya a ser ocupado. ¡Fernando! Le he preguntado en un momento en que mi marido ha salido al coche, ¿de que arma secreta te ha hablado mi marido? No tendrás una aventura que no sepa Teresa y mi marido te haga chantaje ¿verdad? Pepa, me ha contestado Fernando, tú sabes que yo soy un enamorado de mi mujer y aunque verlas, me gusta verlas a todas, sería incapaz de hacerle semejante faena a la mujer de mi vida, (ni ella me lo perdonaría). Pues ya estás “cantando” o de lo contrario, Teresa se va a enterar de aquel secreto, que aquel día que te encontramos en “La Coveta” y que ibas un poco pasado de vueltas, nos confiaste, sólo para demostrarnos que estabas tan sereno como hoy. ¡No Pepa, eso no! Si no quieres que perdamos las amistades, ¡Ni se te ocurra! Está bien Fernando, era una broma, ¿pero como te ha sacado mi marido la mesa que no hubieras dado a nadie a ningún precio? Pues elemental querida Pepa, aunque tú sabes que yo nunca le hubiera hecho eso a tu marido, él me recordó la primera vez que vinisteis y le dije que con la contraseña de “somos los rápidos” siempre tendríais una mesa a sabiendas que a los quince minutos, ya estaríais en la calle, como veo, que así va a ser, son setenta y dos Euros, al café, os invito yo por tu santo. pepaherrero

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