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jueves, 8 de marzo de 2012

SULTANA

Cuando el sol se pone, en Granada un alma llora y al llegar al río Darro, sus lágrimas, van dejando huellas de oro, que los gitanos del Albaicín, buscaban igual que hoy van en busca de otros metales no tan nobles (quizás más interesantes) es el alma de Boabdil el Chico, es el alma de un hombre, al que su madre dijo aquello de “llora como mujer, lo que no has sabido defender como hombre” aunque su destino, fueron Las Alpujarras almerienses, su alma, aún sigue vagando por las estancias de “La Roja”, por los jardines del Albaicín. Cuando Muhammad XII (Boabdil el Chico) vino al mundo en La Alhambra, ya estaba predestinado a ser su dueño, su madre Aixa, lo crio en tal conocimiento, el reino sería suyo y ella siempre estaría a su lado, ni su padre ni su tío lo podrían separar de su reino y los Abencerrajes, desde siempre lo tuvieron como único rey por encima de su tío y de su padre, contra el que un día se rebelara en Guadix, allá por el mil cuatrocientos ochenta y dos. Aunque hombre guapo y de físico poderoso, siempre se le conoció por el sobrenombre de “El desdichado”. Era sólo un niño, cuando recorría las estancias de aquel palacio, las mujeres lo miraban con especial cariño y respeto, los hombres le temían. Él era consciente de que su destino, no pasaba por cerrar los ojos en la Alhambra, a pesar de haber vencido a su padre y a su tío “El Zagal” sabía que detrás tenía a Isabel y a Fernando, por quienes fue hecho prisionero y para ser liberado, tuvo que dar a cambio la parte del reino que gobernaba su tío “El Zagal”. Quizás, en la torre de la cautiva, allí junto a la torre de las comares, pasó los mejores momentos de su vida, mientras era querido y agasajado, tanto por las mujeres de su familia, como por las del servicio…Cuantas suspiraron por aquel moro rebelde, cuantas miradas indiscretas en el hamman, cuantos suspiros en la noche…pero la vida inexorable, lo llevó a su destino. Él pidió quedarse ciego antes de dejar de ver su Granada querida, pero tuvo que ver desde lo alto de aquel monte “el suspiro del moro” como el sol se ponía para siempre, mientras su madre dijo aquello…No llores…Y él pensaba…Dale limosna mujer, porque en la vida no hay nada…fue un gran hombre y un gran guerrero, justo y bondadoso, quizás la cercanía de la sultana su madre, no le dejó realizar su vida, como él hubiera querido, pero a pesar de todo, siempre fue hombre querido y admirado, incluidos sus enemigos Isabel y Fernando. Desde las Alpujarras, tuvo que huir hasta Fez en Marruecos y su sueño, nunca se cumplió…con volver un día a granada…pepaherrero

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