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martes, 20 de marzo de 2012

VIENTO DE MARZO...LLUVIA DE ABRIL

Nos decía aquel antiguo refrán ¡marzo airoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso! Aunque no habíamos visto ni escuchado el aire del mes de marzo, anoche por fin escuché su música, adiviné sus susurros, cantando loas a la primavera con su recia voz, me hablaba de las rosas, de la nueva vida que él, hace brotar en cuanto se quedan atrás los últimos fríos, acariciaba los vidrios de mi ventana y oía cantar a mí amigo el gorrión, ¡si! ¡si! A Pichi a quien no dejaba pegar un ojo y cuando el español canta…pero Pichí, no le tomes nada en cuenta al viento, él es tú mejor amigo, es quien te permite volar más rápido y quien más alto te hace llegar, es quien ayuda a tus hijos para que se decidan a alzar el vuelo y se lleva toda la suciedad que se ha acumulado en tú nido…!no hombre no! Yo no te he dicho que ni tú, ni tú señora gorriona seáis sucios, últimamente estas muy susceptible, ¡como voy yo a decirte semejante cosa! Pero tampoco te conviene discutir mucho conmigo, porque la que te tiene en la ventana soy yo y no es por que me pagues el alquiler (que sé que ya se lo has dicho a alguien) acuérdate, que cuando mi marido te puso de patitas en la calle, fue porque yo ya no tenía fuerzas para limpiar todo lo que ibas dejando por la casa y que antes, te habías comido de mis platos ¿te acuerdas? El día ha amanecido más invernal, que los últimos días de invierno y no he abierto la ventana para ventilar la casa, ayer día de mi santo, fue un día muy ajetreado y recibí la visita de varios amigos y de buena mañana me he puesto a hacer limpieza, a veces Pichi me hace enfadar, él no se quiere dar cuenta de que es un poco egoísta, yo le reprendo con razón, no es normal, que la altura de su nido, me llegue ya hasta media ventana, con el consiguiente riesgo de que alguna colilla mal apagada de algún vecino, pueda provocar un incendio, en su casa y en la mía, sólo una vez me hice adelante y quise quitar parte de aquel nido que crece y crece, pero tuve la desgracia de romper un huevo ya empollado, la desagradable sensación, aún me dura y no dejo de pensar en lo que pensaría de mí la señora gorriona. Espero que se diera cuenta que no lo hice por maldad, pero tampoco es agradable tener la mitad baja de la ventana, llena de paja, plásticos, trozos de lana vieja y un etcétera tan largo como medio ovillo de hilo verde, que al parecer es el jardín de toda la familia gorrionera. Aunque a veces estoy arta, otras como esta mañana a las doce, cuando fui a cerrar la cortina, aguantándose no sé de qué manera había un pequeño jazmín, agitando sus hojas al viento. ¿Quién me lo habrá dejado allí.? pepaherrero

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