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viernes, 21 de septiembre de 2012

EL DIABLO COJO

Cuando llegó la noticia hasta lo más hondo de los infiernos, hubo un solo diablo a quien la noticia asustó, era Piromanín, un viejo diablo, que además de ser cojo y viejo, todos le decían que había llegado la hora de su jubilación. La noticia era escueta, pero clara. “todos los diablos, tendrán que superar un examen de aptitud y capacidad” el que no sea capaz de superar las pruebas, tendrá que pasar a la reserva, donde lo único que percibirá por todo haber, será una paga de trecientos cincuenta y siete diablanes, (cuatrocientos Euros). Cuya paga llevará un manual de usuario, para enseñar a subsistir a los que se les asigne esta paga y con el único fin, de que aprovechen su jubilación y no despilfarren lo que tanto cuesta ganar a sus compañeros que para su desgracia, siguen en activo. Íbamos mí marido y yo, camino de un concierto, al que la presidenta de la Diputación nos había invitado y al volver de aquella esquina, vimos al pobre Piromanín, su mano arrugada y temblorosa, se tendió ante nosotros, la pena nos invadió, el dolor de aquel pobre diablo y su mano extendida, nos hizo ofrecerle un café allí mismo. Piromanín, nos preguntó que quien iba a pagar. Y mí marido echando mano a su bolsillo, contó las monedas que le quedaban, después de hacer cuentas, vio que después de pagarle el café a aquel desgraciado, aún le quedaba dinero, para coger el autobús después del concierto. Como el tiempo, es lo único que sobra a ciertas edades, nos sentamos en la terraza de aquel bar. No se apure amigo, el café lo puede pagar mí marido…¿entonces, puedo pedir un bocadillo también?. Después de contar de nuevo el dinero que le quedaba, me pidió ayuda, en mí pequeño monedero, después de mucho buscar, vi que detrás de la costura, aun se notaba la figura de una moneda, se había hecho un descosido y por allí se había colado, sin decir ni una palabra la moneda. Si amigo, pide el bocadillo. Entre los tres y después de que Piromanín hubiese saciado su apetito, hablamos como hablan las almas que se entienden y nos quejamos de lo mal que estaba la vida. Le hicimos saber como se vivía en España y lo felices que éramos, el viejo diablillo nos escuchaba con gran atención, cuando no entendía una cosa, nos hacía que se la aclarásemos y pensaba que en todas partes cuecen habas. Los hombres, hicieron comparaciones, sacaron cuentas de lo que costaba la vida y compararon el valor de las pensiones de cada uno y como ya se iba haciendo la hora de entrar a la sala de conciertos, pedimos la cuenta y cuando llegó el camarero, nos dijo que la cuenta, ya la había pagado aquel…la humareda verde que sale por la puerta y que iba diciendo…señor…señor, pobres personas. pepaherrero

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