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viernes, 21 de octubre de 2011

DIVINO RAFAEL...ESTELA

Llegar donde nadie llegó…Pintar como nadie ha pintado…ese es él (el divino Rafael…Estela) pero detrás del pintor, está el hombre, un hombre que pasa por la vida tratando de ser amable, de dar cariño y de ser servicial. (Eso le oí decir a su amigo Don Carlos Bermejo) y por algo lo diría, puede que por eso sea el divino…No, no puede ser verdad, pero la cosa es que estaba terminando de dibujar con su lápiz de grafito a aquel niño de mirada triste y mientras con la goma de borrar, trataba de adecentar el dibujo, (no metas más la mano Rafa, que lo vas a estrop…) Rafa…Rafa. Nuestro personaje mira en todas las direcciones, pero no ve al dueño de la voz que muy quedamente le habla. Rafa…Rafa…Sólo un pequeño cambio en la mirada del niño, hace que Rafa, se dé cuenta de que quien lo llama, no es otro, que el niño que con todo su cariño, acaba de dibujar, mientras su mente corría por parajes de dolor y miedo del Sur-Este Asiático. El dibujante, no sale de su asombro, pero el niño, también se asombra de que quien lo ha dibujado, no le quiera hacer caso. Rafa, te quiero contar la historia de un niño de mi país que teniendo mi edad, a causa de la guerra, perdió a sus padres y no teniendo con quien quedarse, anduvo durante dos días y dos noches, siempre siguiendo el sendero que aquella estrella iluminaba. A punto de romper el alba del tercer día se quedó dormido junto a una gran roca, allí terminaba el camino y una gran pared se elevaba hasta donde la vista no alcanzaba, al despertar el niño, miró al cielo para pedir a sus Dioses que cuidaran de sus padres (como hacía todos los días) y a través de los rayos del sol, vio a un gavilán, que aleteando y sin moverse del sitio, le dijo: detrás de la roca, vas a encontrar una cueva y siguiéndola siempre hacia la derecha, irás a un valle, donde verás un río de plata y una barca de jade, sube a la barca y cruza el río, en los arboles de la orilla izquierda, verás que las ramas son de oro puro y sus frutos de piedras preciosas, pero a menos que te hagan mucha falta, no debes tocar ni los arboles ni sus frutos. Durante la historia, el bueno de Rafael, sintió que el sueño le vencía y se encontró en un dulce sopor, acompañando al niño. FIN DE LA 1ª PARTE
Pepa herrero

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