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sábado, 29 de octubre de 2011

JUSTO...NO JUSTO-FIN

…! Si! aquí estamos las ocho personas involucradas en aquel desgraciado ¿accidente? Bueno, ya son las doce treinta y al parecer, no se puede celebrar la vista del juicio, por no haber comparecido la parte demandada. Y de nuevo el dolor y la espera, ¿Qué irá a pasar? ¿Seré al final yo la culpable? ¡Dios mío si yo fui la primera en parar en aquel semáforo en rojo! Quien me puede encontrar consuelo, para este triste suceso que nos ocurrió aquella noche, en que pudimos dar la vuelta y regresar a casa. De nuevo se me reproducen todos los problemas, nuevas notificaciones y por fin, de nuevo nos encontramos en la sala del Tribunal, en la que yo nunca había entrado (y tampoco la pobre Claudia), mucho, no nos enteramos del proceso y si algo se nos quedó en claro, es que el pobre chico que causó el ¿accidente? No tenía carnet de conducir y que si estaba conduciendo aquel coche, sólo era porque su anciana madre, estaba enferma y necesitaba atención médica urgente y el coche, no era robado, solamente lo había tomado prestado para poder ayudar antes a su madre (que madre no hay más que una ¿usted que hubiera hecho?) las lágrimas corrían por nuestros ojos, oyendo expresarse a aquella alma de Dios. ¿Cómo pudimos ser tan malvados y pensar que era un irresponsable? Hoy todavía guardo el recuerdo de aquel niño-hombre, que por salvar a su madre, estuvo a punto de acabar con la vida de otras ocho personas y que a la hora del juicio, no pudo comparecer la primera vez, por sus grandes problemas con el mercadillo de aquel pueblo vecino y lo mismo atestiguaron, los dos amigos que la noche de Autos acompañaban a tan insigne persona y así lo debió de entender S.S.I. ya que la sentencia fue ACCIDENTE SIN PREMEDITACIÓN EN NOCHE DE TORMENTA. Y se condenó al “consorcio de seguros” o yo que sé a pagar una pequeña parte de los daños que a todos nos había causado. En estos días, se está procediendo al Juicio del asesinato de Marta del Castillo y al ver el rostro de sus padres, no puedo evitar que una oración por el alma de la niña y por el dolor de esos padres, salga de lo más profundo de mi corazón. Si Rosa y Claudia, todavía están sufriendo, ¿Qué dolor no habrá en los corazones de la familia de Marta?
Pepa herrero

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