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jueves, 13 de octubre de 2011

EN EL CENTRO EXCURSIONISTA

Aquel día en que me hablaron del centro excursionista, con sólo apenas seis años, empecé a ser mujer y persona importante. Papá, tengo que decirte algo para mí muy importante. ¿De qué se trata hija mía? ¿Has encontrado un novio? Calla y no gastes bromas, que lo que te tengo que decir, es muy importante.- me explico- en el centro excursionista, dicen que hay equipos de gimnasia, de baloncesto, de balonmano y hasta un grupo para hacer teatro. ¿Me dejarías apuntarme, ¡por favor!? De algo tiene que servir, ser la pequeña de la familia y pocos días después, acompañaba a mi padre para hacer las gestiones en el centro y aunque me extrañó conociendo el alma de cazador de mi padre, miré en todas las direcciones, como si no fuera conmigo.
Se me hizo muy largo el tiempo y hasta que un día, me dijo mi hermana Libertad, que se había hecho socia del centro y que si quería acompañarla el Domingo a la piscina…el sábado no dormí, se iba a cumplir mi sueño, pronto, muy pronto, yo sería la presidenta del club, sólo podría bañarse aquel a quien yo dejara ¡Qué importante sería! Y como me envidiarían aquellas niñas tan tontas, que por ser un poco mayores que yo, no me admitían en sus juegos.
No, no llegué a ser presidenta del club, ni si quiera de la junta directiva, aunque en la sección de acampadas, había un hombre de lo menos quince años, que era el que lo hacía todo y al parecer, era el que mandaba. Mi corazón de mujer (ya tenía casi siete) escuchó hablar a las mayores y todas estaban de acuerdo, en que el “delegado de acampadas” era el más guapo del centro le llamaban “el guapet” y aunque yo comprendía que estaba en desventaja, sólo por cuestión de edad, pensé (algún día, emplearé mis armas de mujer y “el guapet” será mío…Y como sufriréis todas) a esa edad, el tiempo transcurre lánguido, entre la escuela, los deberes y el catecismo, una no tiene tiempo de nada.
Pero el tiempo, fue mi aliado y años después, vi “al guapet” que acompañando a mí hermano en el chalet y no sé qué negocios llevarían entre manos, pero durante una larga temporada, le estuve viendo casi a diario y desde entonces, mi corazón, empezó a no funcionar bien. Ya mujer de veinte años, el tiempo (mi amigo) me lo trajo de nuevo y cuarenta y un años después, sigo teniendo la prenda.
Pepa herrero

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